Biblioteca Nacional

24 de julio 2025

“𝐷𝑒 𝑡𝑜𝑑𝑜𝑠 𝑚𝑜𝑑𝑜𝑠 ℎ𝑒 𝑣𝑢𝑒𝑙𝑡𝑜 𝑝𝑜𝑟 𝑙𝑜𝑠 𝑏𝑜𝑠𝑞𝑢𝑒𝑠 / 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑖𝑟𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑠𝑢𝑠 𝑟𝑎𝑚𝑎𝑠 𝑒𝑛 𝑚𝑢́𝑠𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑖𝑠𝑝𝑒𝑟𝑠𝑎”.

El miércoles 23 de julio, la noticia de la muerte de un poeta conmovió a la cultura uruguaya. Marcelo Pareja murió inesperada y prematuramente en Las Piedras, donde había nacido en 1954 y donde eligió vivir la mayor parte de su vida. Allí creció y maduró su vocación literaria con la influencia cercana de su tío pintor Miguel Ángel Pareja, a quien mucho admiró. En 1979 participó de la fundación de 𝘓𝘢 𝘗𝘭𝘢𝘻𝘢, revista cultural canaria que se convirtió en un baluarte de la resistencia a la dictadura en el Uruguay hasta su clausura en 1982.

Fue docente de literatura e investigador en el Departamento de Literatura y Archivo de la Biblioteca Nacional, pero ante todo y todo, fue un poeta sensible y diáfano en una generación a la que le tocó estrenarse en tiempos brutales de censura y represión.

Tuvo una fe romántica en la poesía y una fidelidad íntima a su obra que construyó título a título sin pausa y en silencio a partir de la década del setenta. 𝘚𝘢𝘭𝘢𝘳𝘦𝘢 (1977), 𝘗𝘰𝘦𝘮𝘢𝘴-𝘏𝘪𝘮𝘯𝘰𝘴 (1979), 𝘙𝘦𝘶𝘯𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘺 𝘣𝘢𝘯𝘥𝘦𝘳𝘢𝘴 (1981), 𝘊𝘶𝘢𝘥𝘦𝘳𝘯𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘷𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 (1989), 𝘌𝘭 𝘣𝘰𝘴𝘲𝘶𝘦 𝘵𝘢𝘯 𝘤𝘭𝘢𝘳𝘰 (1992), 𝘈𝘨𝘶𝘢𝘴 (2004). Sus ediciones tenían siempre un plus de belleza gráfica. Su obra integró las antologías y fue reconocida por diversas voces de la crítica y por sus pares poetas: Alicia Migdal, Roberto Appratto, Roberto Echavarren, Rafael Courtoisie, Luis Bravo…, pero le fue duro y solo el oficio de poeta.

“¿Es pedir sepultura poseer la poesía como oficio? — se pregunta en el poema XXXV de Aguas. Y responde enigmático: “Su aire lo tiene en su espejo y sale fuera / mar ancha le exige / y sigue navegando”.

Pareja no dejó nunca de navegar la poesía. Quizá fue esa fe obcecada e inocente lo que preservó la pureza de su mirada. Algo así declara en La vuelta a los bosques: “De todos modos he vuelto por los bosques / respirando sus ramas en música dispersa”.

Hay en sus versos una ofrenda de melancólica belleza que lleva las huellas de la delicadeza y la bondad que ejerció en su vida.

Ana Inés Larre Borges