MoMA – Muestra de Joaquín Torres García


Torres García, Nueva York y el Siglo XXI
MoMAPRESS
– PRIMERA MUESTRA RESTROSPECTIVA DE JOAQUÍN TORRES-GARCÍA (pdf del MoMA)


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Con una retrospectiva de más de 200 obras, en octubre el MoMA inaugura la exposición “Joaquín Torres-García”, el primer homenaje que el museo neoyorquino realiza al artista uruguayo, en un año en el que tiene la mira en el arte latinoamericano.

Todo está documentado por su propia pluma. Cada una de las mudanzas se basaba en una búsqueda interior, estaba al servicio del arte e implicaba un riesgo. En cada traslado llevaba muebles, cuadros, bastidores y óleos. También había libros, cuadernos en blanco, penurias económicas y una familia detrás del trazo de un pintor. Joaquín Torres García fue un nómade, un artista de muchas nacionalidades; pero con la peculiaridad de que nunca se consideró a sí mismo como un turista sino que optó por crear siempre de local. Lo hizo en España, Estados Unidos, Francia y, ya en el último tramo de su vida, en Uruguay.

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Ilustración en tinta sobre papel realizada por Torres en 1917 para la portada de su libro “El descubrimiento de sí mismo”. // “Construction with curved forms”, 1931. Colección del MoMA.

Torres, que nació el 28 de julio de 1874 en Montevideo y que en su adolescencia se instaló en Mataró, Cataluña, junto a su familia, fue un artista multifacético que indagó en la pintura, la escultura, el dibujo, la escritura y la docencia, además de su reconocido desempeño como diseñador de juguetes. Fue también un estudioso de la estética y de la metafísica, y un teórico del arte, cuyo trabajo más contundente quedó sellado bajo los fundamentos del universalismo constructivo. “Tan ambiciosa fue esa concepción, que pretendió ser la síntesis suprema entre los elementos más fecundos de las principales tendencias del arte moderno —cubismo, surrealismo, neoplasticismo—, por un lado, y las creaciones más permanentes y universales del arte del pasado, por el otro. Torres García no solo buscaba su pintura, sino la pintura en sí; no una forma más del arte, sino el Arte Absoluto”, dice un texto del escritor Guido Castillo, que conoció al artista y su taller personalmente.
Su vasta trayectoria, además de su influencia en las vanguardias norteamericanas (si bien vivió solo dos años en Estados Unidos, de 1920 a 1922, su producción fue muy intensa), despertó la admiración de un curador venezolano que en este siglo, desde las oficinas del Museum of Morden Art de Nueva York (MoMA), se puso en marcha para proyectar una exposición retrospectiva del artista uruguayo. Luis Pérez-Oramas presentó la idea de rendir homenaje a Torres a la dirección del MoMA en 2005. Tras seis años de idas y vueltas su iniciativa fue aprobada y, después de muchas temporadas de preparación, el próximo 25 de octubre la muestra “Joaquín Torres-García” será inaugurada en una de las salas más visitadas del mundo.torres garcia 3
La exposición consiste en un recorrido por más de 200 piezas pertenecientes a dos períodos fundamentales en su arte: de 1923 a 1933, y de 1935 a 1943, y se enmarca en un año particular para el MoMA, en el que la directiva decidió poner la lupa en artistas latinoamericanos. Por ejemplo, próximamente tendrán lugar las exposiciones “De Bauhaus a Buenos Aires”, de la dupla de fotógrafos Grete Stern-Horacio Coppola, “Información en Acción”, de los argentinos Oscar Bony, David Lamelas y Marta Minujín, y ya está en sala “América Latina en Construcción: 1955-1980”, una muestra de arquitectura que incluye obras de varios uruguayos, como Raúl Sichero y Eladio Dieste (ver recuadro).

La retrospectiva de Torres es la primera organizada por el MoMA en sus 85 años, y también la primera que se presenta en Estados Unidos después de que el Museo Guggenheim exhibiera gran parte de su trabajo en 1970.
Sobre la etapa de investigación, producción y recopilación de obras para la exposición, además de la diagramación de la muestra y el catálogo, el curador Pérez-Oramas dialogó con galería en medio de un proceso en el que también participa el Museo Torres García, representado por Alejandro Díaz, su director desde hace 12 años.

El sur del MoMA. La colección de arte latinoamericano del MoMA tiene su origen en los propios esquemas fundacionales del museo, que datan de finales de 1929, y a Alfred Barr —el primer director— como principal impulsor.

Desde muy temprano los trabajos de Joaquín Torres García empezaron a formar parte del repertorio. La adquisición inicial fue en 1941, durante el primer viaje de estudio que el MoMA organizó con destino a América Latina. Además de conocer al artista cuando tenía 67 años, el enviado del museo compró varias de sus obras sumado a otras firmadas por sus hijos, Horacio y Augusto Torres. A partir de ahí, el vínculo entre la colección y el trabajo del pintor uruguayo nunca tuvo punto final.

Rene d’Harnoncourt —director del MoMA desde 1949 hasta 1967— es otro de los nombres que marcaron un mojón en la presencia de Torres en el MoMA, pues en 1944 visitó su taller en Montevideo y volvió a Estados Unidos con una nueva serie de pinturas. A d’Harnoncourt se suman otros galeristas, como el estadounidense Sidney Janis, que en los 60 donaron al museo más piezas firmadas con las iniciales “J.T.G”.

Actualmente, el MoMA tiene la colección de arte moderno latinoamericano más extensa del mundo, con más de 3.000 obras. Entre ellas figura una decena de trabajos de Torres que incluye pinturas, dibujos, algunos libros teóricos y otros ilustrados, y que representan todos los períodos fundamentales de su creación, desde los años 20 hasta los 40.

Según explicó Luis Pérez-Oramas, curador del MoMA, “no era frecuente que se mostraran obras de Torres García en el marco de la exposición permanente, hasta que empezó a sistematizarse a partir de 2004, cuando el museo reabrió las puertas después de una gran ampliación en la que se repensó la misión y la manera de exhibir el arte de América Latina”.

La exposición permanente del museo tiene una característica esencial: es por demás dinámica. Las salas mutan constantemente ante la mínima sustitución de cuadros y, llevando las cifras a su máximo posible, solo puede exhibir en simultáneo 15% de su acervo. Si bien algunas piezas de Torres fueron expuestas de forma esporádica —como una serie de juguetes que se mostró en la exposición de diseño “Century of the Child” (en español, “Un siglo de niños”) a mediados de 2012—, nunca antes se había presentado una retrospectiva individual sobre el máximo exponente del universalismo constructivo.

Primer boceto. Pérez-Oramas nació en Caracas en 1960. Es escritor, historiador de arte y curador, y dividió su formación entre Venezuela y un repertorio de universidades europeas. Su primer contacto con una obra de Torres se dio en su infancia y dentro del Museo de Bellas Artes de su ciudad natal. De ese momento de conexión fugaz con el trazo del artista, una imagen concreta quedó grabada en su memoria: “Recuerdo el impacto que me generó su iconografía, esos hombrecitos simplificados y su paleta térrea”, contó a galería.

Más adelante lo estudió, conoció la razón de sus formas, sus colores, su filosofía de enseñanza, su forma de concebir el arte. Y, desde que entró en el equipo curatorial del MoMA en 2003, rápidamente asumió una deuda con Torres: “Desde hace mucho tiempo él merece un reconocimiento, y ahora, ya en 2015, es momento de dárselo”.

Pero concretar una exposición en uno de los centros culturales más visitados del mundo (se estima que por año circulan más de 3,5 millones de visitantes y que en su sitio web navegan 20 millones de usuarios) no es tarea sencilla y requiere de varias instancias de aprobación. “El museo es una máquina muy compleja, con una alquimia también muy complicada que influye a la hora de aprobar una muestra. Por una parte hay que mantener un balance entre arte moderno y contemporáneo; por otro lado está la necesidad de responder a una expectativa ya creada por el museo hacia ciertas figuras emblemáticas del arte, dígase Picasso, Miró, Matisse, entre otros, y, por último, es importante que tu propuesta esté en sintonía con las otras muestras que se exhiben en simultáneo. La constante revisión de la historia del arte moderno que hace el MoMA genera que, cuando llevás un proyecto como el de Torres García, inevitablemente compitas con muchísimos otros artistas de primera línea”.

Pérez-Oramas habló por primera vez de su proyecto torresgarciano a principios de 2004, y ya entrado 2005 empezó a plantear la idea ante el comité de exhibiciones del museo. Su argumento era contundente: el pintor uruguayo no podía ser obviado para la investigación y el entendimiento de las vanguardias modernas norteamericanas, por lo que su arte debía mostrarse en una exhibición individual y retrospectiva. Pero más allá de su seguridad, pasaron casi seis años y su iniciativa parecía no encontrar rumbo.

En 2010 el proceso de planificación tuvo un impasse, cuando se dedicó dos años casi que en exclusividad a la organización de la 30ª Bienal de San Pablo (titulada “La inminencia de las poéticas”, que tuvo lugar entre setiembre y diciembre de 2012), en la que trabajó como curador jefe. Y fue en ese período de alejamiento del MoMA, más precisamente a mediados de 2011, que Pérez-Oramas recibió el empujón que tanto esperaba.
Todo se concretó en Brasil, en medio de “Joaquín Torres García. Geometría, creación y proporción”, una de las tantas exposiciones coorganizadas por el Museo Torres que tiene, quizás, una agenda más intensa en el exterior que en su propia sede en la Peatonal Sarandí. Según recuerda el actual director del museo uruguayo, Alejandro Díaz, “fue en ese contexto que a Pérez-Oramas le dieron el sí para preparar la exposición de Torres; porque el propio director del MoMA visitó la muestra en Porto Alegre, vio un montón de obras provenientes de diferentes países y reunidas en una retrospectiva, y se entusiasmó con la obra del artista, de nuestro artista”.
Cuando el curador venezolano volvió al museo de Nueva York con su proyecto aprobado, a comienzos de 2013, inmediatamente se puso a trabajar en otra exposición pendiente sobre la obra de la brasileña Lygia Clark. Fue recién en 2014 que pudo focalizarse del todo en la muestra de Torres. A partir de ahí se desencadenó uno de los trabajos más intensos de su carrera. Y a contrarreloj, algo que no suele suceder en uno de los museos más importantes del mundo.

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Los tiempos de Torres. El proceso de investigación duró 24 meses. La cercanía que el curador tenía con la obra de Torres le permitió ganar algo de tiempo para dar el primer paso: organizar un argumento visual y cronológico, además de definir qué es lo más pertinente para mostrar según los intereses de la escena artística internacional. Es decir, encontrarle un sentido para el arte del presente, para los artistas del presente.

Así lo contó Pérez-Oramas a galería vía telefónica:

La muestra recorrerá dos períodos puntuales: de 1923 a 1933, cuando Torres transitó por Europa y Nueva York, y de 1935 a 1943, ya en su regreso a Uruguay. ¿Qué le atrajo de cada etapa?
Desde el principio tenía una intuición sobre la necesidad de revisar solo la década de los 20 hasta el inicio de los 30, cuando Torres construye su propio lenguaje, se confronta con las vanguardias europeas cuando ya estaban en su etapa de madurez y propone una manera muy personal de interpretarlas. Después decidimos ampliar el criterio. Lo que me interesa de ambos períodos es mostrar que no se trata de un artista que crea en una temporalidad lineal sino que lo hace en una temporalidad contradictoria.

Esa mirada transversal es quizá la principal característica que hace a Torres un artista muy contemporáneo, aún a 65 años de su muerte…
Exacto. Torres se permite volver a transitar por todos sus momentos independientemente de que ya los haya superado. Él puede hacer en el año 40 una naturaleza muerta como la hacía en el año 20, o una composición constructiva como lo hacía en el 31, siempre con total libertad. No es un artista que entiende que el arte va de la “a” a la “z” sino que cree que el arte existe antes de la “a” y existirá después de la “z”. Se interesaba mucho en el futuro absoluto al que llama constructivismo universal; también se apasionaba por el pasado absoluto, por indagar en el origen del arte, y creía que cada uno de nosotros podía conectarse con esa situación inicial.

¿Cómo era concebido este pensamiento en su tiempo?
Realmente podía ser difícil de comprender en su tiempo, que estaba absolutamente tomado por la ansiedad del presente, por los ismos y la lucha entre los figurativos y los abstractos. Pero al mismo tiempo es un pensamiento muy relevante en la actualidad, cuando nos encontramos en una cultura en la que lo imposible es la historia.

¿Cuál es el principal desafío de traducir esa forma de entender y pensar el arte en la exposición?
Por ejemplo, en el capítulo de los años 20 nos propusimos la osadía de sugerir que Torres está al mismo tiempo visitando a (Piet) Mondrian y a los hombres primitivos. Aún hoy nos preguntamos cómo romper la linealidad conjugando obras y tiempos. Nos interesa mucho, además de subrayar la gramática del universalismo constructivo, que obviamente va a tener un capítulo aparte, prestarle especial atención a un repertorio de pinturas abstractas, pequeño pero muy rico, que sirve como eje regulador de la muestra.

Para seleccionar las obras que pocos meses antes de la inauguración llegarán al MoMA para ser expuestas, Pérez-Oramas viajó a Argentina, México, Venezuela, España, Francia, Estados Unidos y, principalmente, Uruguay. En Montevideo entró en contacto con el acervo más completo del pintor en el mundo: el del Museo Torres. “Vino el año pasado junto a Karen Grimson (del departamento de Dibujos y Grabados del MoMA), visitaron nuestro edificio y se instalaron a trabajar varios días. Él se sorprendió y emocionó mucho. En algún momento me confesó: ‘Me gustaría tener 20 años menos y estar haciendo de nuevo mi tesis de doctorado, internarme acá durante seis meses y dedicarme a estudiar a fondo todo este material’”, contó Alejandro Díaz a galería.

En una conversación telefónica, Pérez-Oramas definió al acervo del Museo Torres como “uno de los archivos intelectuales más importantes del siglo XX a nivel internacional”. En las salas y la bóveda del edificio céntrico se archivan más de 20.000 folios, entre cartas, manuscritos, dibujos, fotos, recortes de prensa, pinturas, esculturas y juguetes, además de libros que entremezclan símbolos y textos reflexivos. Según explicó Díaz, “la obra de Torres está muy dispersa por el mundo y excede absolutamente las fronteras de Uruguay. La Colección Cisneros (con sede en Nueva York y Venezuela) es muy importante, por otro lado hay mucha obra en Buenos Aires y en instituciones norteamericanas. En nuestro país, también el Museo Nacional de Artes Visuales tiene un acervo contundente, que en su mayoría fue donado por la familia después de la muerte del artista”.

Una carpeta blanca con el sello tipográfico del MoMA que guarda el director del Torres en su oficina, describe minuciosamente las obras solicitadas por el museo neoyorquino en un extenso acuerdo de préstamo surgido a raíz de esa visita. Se trata de una lista de 30 piezas entre las que figuran cuadros, dibujos, collages, objetos y libros.

Aproximadamente 35% de los prestamistas de la exposición son instituciones privadas y el resto coleccionistas; pero en cantidad de obras la proporción se invierte: son más las cedidas por instituciones como el Torres.

Actualmente, además de tramitar los préstamos, el MoMA diseña el catálogo de la muestra, diagrama el programa escolar para trabajar en torno a la figura del pintor y estructura la maqueta arquitectónica de la sala a pequeña escala para analizar los distintos escenarios posibles.

La forma. El MoMA tiene tres espacios destinados a exposiciones temporales: básicamente una grande, una mediana y otra chica. La exposición de Torres García tendrá lugar en la mediana, mientras que en las demás se realizará una exhibición de esculturas de Picasso y una retrospectiva del artista contemporáneo libanés Walid Raad.

La muestra, que se inaugura el 25 de octubre de este año y culmina el 15 de febrero de 2016, presentará un recorrido por más de 200 obras de Torres, que partirá desde su período catalán, atravesará su pasaje por Nueva York, París y su regreso a Montevideo, y terminará en una serie de figuras en madera que creó al final de su trayectoria.

La llegada de una de las piezas al MoMA supone un hecho histórico —ya que por primera vez será trasladada fuera de España, su lugar de origen— y requiere de un trabajo técnico minucioso y muy riesgoso, principalmente por su inmensidad. Fue todo un desafío para el equipo de curaduría transportar el motivo central del fresco “Lo temporal no es más que símbolo”, creado por el pintor en 1916, que mide 3,70 por 3,32 metros y que desde hace un siglo permanece en una de las paredes interiores del Palacio de la Diputación de Barcelona. Su presencia en el museo implicará una de las principales novedades de la exposición, que logrará reunir varias obras del artista que nunca convivieron en un mismo espacio, ni siquiera en la vida de Torres.

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Alejandro Díaz, director del Museo Torres García desde hace 12 años. // Luis Pérez-Oramas, curador del MoMA y organizador de la muestra “Joaquín Torres García”.

Luis Pérez-Oramas, curador del MoMA: 
“Esta exposición es muy importante porque Torres es un autor muy conocido en Latinoamérica, en Europa, pero no tanto en Estados Unidos. La mayoría del público del museo oscila entre los 18 y 35 años, o sea que nacieron después del 70, cuando se presentó la última muestra retrospectiva del artista en el país, en el Museo Guggenheim. Entonces, es una manera de dar a conocer su obra a las nuevas generaciones”.
 
Alejandro Díaz, director del Museo Torres García:
“Esta exposición significa demasiado y desde muchos puntos de vista. En primer lugar es un gran reconocimiento a Torres, que nos representa a primerísimo nivel mundial. En segundo lugar, está nuestro aprendizaje durante el proceso. El MoMA todo lo hace con una excelencia difícil de lograr. Para nosotros es muy interesante estar en contacto y ver cómo se trabaja en esa escala. Es un sistema a priori inalcanzable en nuestro medio, pero de todas maneras en el resultado sabemos que se puede lograr muchísimo con mucho menos. No nos tenemos que echar para atrás. Ese es nuestro gran desafío”.

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La primera vez fue en 1955. Hace 60 años el equipo de curaduría del MoMA, con el aval de la dirección, decidió investigar sobre la producción arquitectónica latinoamericana y presentar una muestra fotográfica que recorriera la última década de desarrollo, de 1945 a 1955. Fue la primera, y también la única muestra de ese tema en la historia del museo, hasta este año, cuando el esquema se repite.

El 2015 marcó una temporada particular para el calendario del MoMA, que volvió a focalizarse en el arte de América Latina. Además de próximas exposiciones como la de Marta Minujín, David Lemelas, Horacio Coppola y la retrospectiva de Torres García, actualmente presenta “Latin America in Construction 1955-1980”, una muestra sobre arquitectura moderna que se centra en algunos países centroamericanos y casi todo Sudamérica.

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Eladio Dieste presencia la construcción de la Parroquia de Cristo Obrero en Atlántida, en 1959. // La iglesia de Atlántida (1958), diseñada por el ingeniero artiguense Eladio Dieste, es una de las construcciones que integran la muestra del MoMA.

La muestra —se inauguró el 29 de marzo y estará en sala hasta mediados de julio— presenta más de 500 obras entre dibujos, planos, maquetas, imágenes y películas históricas, además de fotografías generadas especialmente para la exposición, que se despliega por el último piso del edificio neoyorquino. Los archivos fueron recolectados a través de un proceso de investigación que duró unos cinco años y que transitó por Chile, Perú, Cuba, México, Venezuela, Colombia, República Dominicana, Puerto Rico, Brasil, Argentina y Uruguay.

“‘Latin America in Construction’ comienza con algunos de los proyectos arquitectónicos más reveladores de los años previos a 1955, en dibujos, maquetas, y fotografías, como también una evocación en películas de la época del ritmo y la fisonomía rápidamente cambiantes de la vida urbana en grandes ciudades como Montevideo, Buenos Aires, São Paulo, Río de Janeiro, Caracas, México DF y La Habana. Estas dan fe del vertiginoso ritmo de cambio, modernización y movimiento hacia la metrópolis”, publicó el museo en su sitio oficial.

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La exposición “Latin America in Construction: Architecture 1955-1980” se inauguró el 29 de marzo y permanecerá en el MoMA hasta el 19 de julio de este año. // En la exposición del MoMA, el edificio Panamericano (1959), de Raúl Sichero Bouret, es uno de los representantes de Uruguay.

La exposición destina un fragmento especial a estudiar la construcción de Brasilia, que tuvo su punto inicial en 1956 a cargo de la emblemática dupla brasileña Lúcio Costa y Oscar Niemeyer, y también exhibe obras y archivos de arquitectos uruguayos que trascendieron el continente. Entre las construcciones locales se encuentran la iglesia de Atlántida y la de San Pedro de Durazno (particularmente imágenes de su techo restaurado), diseñadas por Eladio Dieste; el edificio Panamericano, de Raúl Sichero; los edificios El Pilar y Positano, de la dupla Luis García Pardo y Adolfo Sommer Smith; y el complejo Arcobaleno de Maldonado, de Guillermo Jones Odriozola y Francisco Villegas, entre otros.

La iniciativa del MoMA cuenta, además, con un proyecto interactivo en asociación con Instagram. Durante todo el período de exhibición el museo propone a los usuarios de la red social sacar fotos de los edificios expuestos y publicarlas bajo el hashtag #ArquiMoMA. Algunas de las imágenes serán mostradas en una de las galerías, además de publicarse en la página MoMA.org. La invitación está hecha.

Luisina Ríos

Publicado en  BUSQUEDA: http://www.busqueda.com.uy/mailing/galeria/749/torres-garcia/
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Joaquín Torres-García: The Arcadian Modern

October 25, 2015–February 15, 2016

Posted on December 17, 2014

The International Council of The Museum of Modern Art Exhibition Gallery, sixth floor
Press Preview: Tuesday, October 20, 9:30–11:30 a.m.

With Joaquín Torres-García: The Arcadian Modern, The Museum of Modern Art presents the first major U.S. retrospective devoted to the artist in 45 years. The exhibition spans the first half of the 20th century, surveying Joaquín Torres-García’s.

(Uruguay, 1874–1949) remarkable achievements in painting, sculpture, fresco, drawing, and collage through some 190 works.

Joaquín Torres-García: The Arcadian Modern stresses the radical individuality of an artist who eluded classification. A central figure in the history of modernism in the Americas and a key protagonist in the transatlantic cultural exchanges that have informed it, Torres-García has fascinated generations of artists on both sides of the Atlantic, but most notably in the Americas—including major North American artists from Barnett Newman to Louise Bourgeois, and countless Latin American artists. While assimilating and transforming the formal inventions of modern art, Torres-García stayed true to an understanding of time as a collision of different periods rather than a linear progression—a distinction that is particularly relevant to contemporary art.

The exhibition is a chronological display structured in a series of major chapters and embracing the artist’s entire oeuvre, from his early works in Barcelona at the end of the 19th century to his final works, made in Montevideo in 1949. Two key moments are emphasized: the period from 1923 to 1933, when Torres-García participated in various European early-modern avant-garde movements while establishing his own signature pictographic-constructivist style; and 1935 to 1943, when, having returned to Uruguay, he produced one of the most striking repertoires of synthetic abstraction.

Organized by Luis Pérez-Oramas, The Estrellita Brodsky Curator of Latin American Art, with Karen Grimson, Curatorial Assistant, Department of Drawings and Prints, MoMA.

Major support for the exhibition is provided by Patricia Phelps de Cisneros and Gustavo Cisneros, the Gradowczyk Family, and Estrellita and Daniel Brodsky. 

Generous funding is provided by Presidencia de la República Oriental del Uruguay; Eduardo F. Costantini; Richard Roth; the Institut Ramon Llull; The Arango Collection; The Consulate General of Spain in New York; and The Uruguayan Friends of Joaquín Torres-García: The Arcadian Modern including Diana and Rafael Viñoly, Fundación Pablo Atchugarry, Fundación Francisco Matto, Fundación Julio Alpuy, Beatrix and Gregor Medinger, and Martín Cerruti. 

Additional support is provided by the MoMA Annual Exhibition Fund. 

Support for the publication is provided by The International Council of The Museum of Modern Art.

MoMA Audio+ is supported by Bloomberg Philanthropies.
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