Payasos de pluma

El antropólogo Daniel Vidart criticó a los “señores charruómanos, inventores de una imposible Charrúalandia”, al comentar la participación de descendientes de charrúas en los Juegos Indígenas.

El antropólogo Daniel Vidart realizó algunas críticas a los “neo-charrúas”, tras comentar una noticia sobre los primeros juegos mundiales de los pueblos indígenas.

Ocho uruguayos representarán a los charrúas en los primeros juegos mundiales de los pueblos indígenas, que se celebrarán en Palma, Brasil.

Según una nota de Pablo Melgar para El País, el viaje de la delegación uruguaya es costeado por el Comité Intertribal de Brasil, ya que no se logró el apoyo del Estado uruguayo, pese a reuniones en distintos ministerios. “Ni siquiera nos dieron el pabellón”, aseveró Paula Hernández, responsable de la comitiva.

El grupo está compuesto por descendientes de charrúas, que participarán de disciplinas como “lanzamiento de lanza”, “arco y flecha”, natación, atletismo y “chanti” (lanzamiento a distancia de piedras chatas).

El cacique Ciro Choñik dijo a El País que “Salsipuedes y los otros genocidios no lograron destruir la cultura, quedaron sobrevivientes que se integraron a la sociedad y siguieron las tradiciones por fuera de la historia oficial”. Dicen haber estudiado también elementos genéticos. “Una manchita que aparece en la base del coxis en los bebés recién nacidos es un rasgo identificatorio”, explicó el cacique, que agregó que “ya se sabe que la mitad de los niños nacidos en el Hospital Pereira Rossell la tienen”.

El cacique menciona incluso que desde la década de 1980 se han detectado que costumbres como “presentar los niños a la luna o curar con hierbas” están más presentes de lo que se supone.

Críticas

Al comentar la noticia en su perfil de Facebook, haciendo especial hincapié en que pidieron apoyo al Estado, Vidart aseguró: “Revela el estado mundial de los espíritus, que también nos afecta a los uruguayos en este siniestro y a la vez irracional gozne de la historia”. “Dicha historia – acontecimiento-, según Marx, primero se desarrolla como un drama y luego se repite como una farsa. En la cual, por supuesto, actúan los farsantes”, dijo.

En otra publicación, Vidart advierte contra la “carnavalización de la historia” de los neo-charrúas y “sus continuos atentados contra la razón, la inteligencia y la verdad, que en este caso no es relativa”, para lo que cita como fuentes los documentos aportados por Acosta y Lara, por Diego Bracco y José López Mazz (autores de “Minuanos”), por los guaranistas Rodríguez y González, por Renzo Pi y por él mismo, “en perpetua lucha contra la fantasía y el esnobismo, para hacer luces en las tinieblas de la ignorancia y la viveza criolla”.

“La etnohistoria es clara, gracias a las últimas investigaciones antropológicas: los charrúas no eran los señores de estas comarcas sino los minuanes, que lucharon contra ellos, aliados con los guaraníes misioneros, e hicieron una matanza en los montes del Yi ,cinco veces mayor que la de Salsipuedes”, comentó Vidart.

Los charrúas “tenían un pequeño enclave en Colonia y entraron en masa – pero no muy numerosa – muchísimos menos que los más de 100.000 propuestos por Antón- a nuestro territorio a fines del siglo XVII y principios del XVIII desde sus pagos de Santa Fe y la Mesopotamia argentina, hostigados por la ofensiva española”.

“Y los ojitos de yacaré y los pelos chuzos provienen de la diáspora guaraní operada luego de la expulsión de los jesuitas misioneros en el año 1767 a raíz de la Real Pragmática de Carlos III. De acuerdo con los inventarios efectuados por los padres jesuitas, 15.000 reducidos vinieron a la Banda Oriental y otros tantos se refugiaron en la otra orilla del río Uruguay. En Corrientes, tierra del chamamé, aún se habla guaraní campo afuera. De los charrúas quedaron muy pocos luego de Salsipuedes. Regresaron del Brasil unos cincuenta, bastante después, y los alojó un estanciero caritativo en su propiedad, muy grande por cierto. Sepé,el cacique, murió envenenado en una pulpería y una epidemia acabó con los demás. La herencia genética guaraní es muy superior a la de los indios de ancestro patagónico, como fueran los minuanes y charrúas. No entreverar las cartas del mazo, pues”, dijo el antropólogo.

“A estudiar antropología y a matear en el rancho de la Verdad. Los descendientes de aquellos guaraníes proclaman su ascendencia charrúa, sin tener pruebas de ello. La presentación de los recién nacidos a la luna, es cosa de guaraníes, quienes la llamaban Yací”, dijo sobre la costumbre que menciona el cacique en la nota.

“Señores charruómanos, inventores de una imposible Charrúalandia: como decía el evangelista, ‘la verdad os hará libres’. Sí, libres del prejuicio, libres de una creencia no tan inocente, dado que al proclamarse charrúas van a congresos”, dice Vidart, y “están por reclamar tierras al norte del Río Negro”.

“Advierto que estos sedicentes charrúas son en su gran mayoría gentes urbanas, viven aislados unos de los otros, piensan y sienten de acuerdo con los valores de Occidente y están incorporados a la civilización del consumo. Cuando se reúnen practican ceremonias descabelladas: se empluman, soplan guampas de vaca a modo de bocinas, visten quillapís de fantasía y, colmo de los colmos, hablan en lengua charrúa y forman orquestas para interpretar música charrúa( ¡!). En una de las fotografías que vi acerca de esos carnavalescos rituales, un ‘charrúa’ redivivo de ojos claros redoblaba a todo palillo en un tambor murguero. Siento vergüenza ajena, amigos, y sigo advirtiendo al Estado que si bien es amigo de Platón (el mito indianista), lo sea más de la Verdad, la escondida Aletheia. Y que documente sus funcionarios a fondo, antes de ceder a los reclamos y concesiones del populismo ventajero: Bracco, Curbelo, Susana Rodríguez, Rodolfo González y Lopez Mazz pueden enderezar las ‘creencias’ torcidas y los paradigmas ‘chuecos’ de los miembros del ‘Superior Gobierno’ que confunden con tiburones a los peces de colores”, concluyó.