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Iannis Xenakis (1922-2001)

Por Juan Arturo Brennan

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Hace unos días, la Internet me trajo la noticia de la muerte de Iannis Xenakis. Mientras leía el texto, especulaba sobre si habría algo de lógica oculta o de justicia poética en el hecho de que este moderno medio de comunicación, basado en la alta tecnología, hubiera sido el portador del obituario de este gran pensador y creador del siglo XX, que extrajo música fascinante de las matemáticas, que desentrañó los números ocultos en la música. He aquí el texto en cuestión, originado por la Afp y difundido por numerosos servidores de la www: ”El compositor francés de origen griego Iannis Xenakis murió el domingo por la mañana después de una larga enfermedad, a la edad de 78 años, en su domicilio parisiense. Matemático, arquitecto y músico de formación, Xenakis se sirvió primero de los recursos de la electroacústica y luego de los instrumentos de la orquesta tradicional, antes de recurrir a las computadoras para realizar algunas de sus composiciones. Instalado en Francia en 1947, se naturalizó francés en 1965, y fue hecho Oficial de la Legión de Honor. En 1953 Iannis Xenakis se casó con Françoise Gargouïl, escritora y periodista, con la que tuvo una hija, Makhi, pintora y escultora. Xenakis fue uno de los raros compositores de música contemporánea capaces de alcanzar a un público vasto. Su obra, fundada sobre el rigor de las matemáticas y la física, tuvo como una de sus principales intenciones el ir más allá del cenáculo de los iniciados. A ello hay que añadir, de manera importante, la carga emocional de la música de este ciudadano del mundo, infatigable militante de la libertad.”

Los recuerdos que guardo de Iannis Xenakis surgen del único encuentro que tuve con él, ocurrido en diciembre de 1978, cuando Xenakis vino a México para participar en el Seminario Internacional de Estudios en Creación Musical y Futuro, organizado por Julio Estrada.

Realicé entonces una larga entrevista con Xenakis, durante la cual el compositor habló de tradición y modernidad, de la enseñanza musical retrógrada y anticuada, de las virtudes del trabajo creativo interdisciplinario, de la tecnología como herramienta y no como fin, de las matemáticas y la cibernética, y de muchos otros temas. Como paso preparatorio a la redacción de este texto, releí aquella vieja entrevista con Xenakis, y encontré en ella algunas afirmaciones suyas que, a la distancia y en perspectiva, son de una validez asombrosa. Decía Xenakis:

”Hay una especie de conspiración entre la radio, los conservatorios y las orquestas en contra de nuevas ideas y nuevos conceptos estéticos, y a menos que esto cambie, pasará mucho tiempo antes de que aquellos ejemplos valiosos de la música contemporánea sean aceptados.”

En otra parte de la entrevista, Xenakis hacía esta observación especulativa:

”Cuando el desarrollo tecnológico llegue al punto en que el individuo tenga acceso en su propia casa a grandes computadoras y sus sistemas periféricos, podrá hacer música del mismo modo que hoy escribe poesía, y la tecnología misma abrirá las puertas de la creatividad, de modo que cambiará radicalmente el enfoque de la música y, en general, de todas las artes.”

Estos conceptos, vertidos por Iannis Xenakis hace 22 años, son sólo un par de pruebas de la enorme lucidez de este proteico creador del siglo XX que, simbólicamente, murió en los albores de ese futuro que para su generación parecía inalcanzable, el siglo XXI. Además de sus numerosas y duraderas contribuciones teóricas, filosóficas, científicas y estéticas al mundo de la música contemporánea, Xenakis dejó un importante legado humanista que no suele reconocérsele como se merece. Lo último que me dijo en la entrevista citada fue esto:

”Mientras no cambien los patrones de pensamiento y no exista el conocimiento profundo de las teorías, la tecnología será inútil como instrumento del cambio. Y quizá llegue el punto en que el hombre destruya la tecnología que ha creado si cree que su libertad está comprometida.”

 

Publicado en “La Jornada”  Mexico.

http://www.lainsignia.org/2001/febrero/cul_052.htm